Durante la primera década de julio, ciclones (tifones), tornados, tormentas, fenómenos meteorológicos extremos, crecidas y deslizamientos de tierra han sembrado la desolación en el centro y el sur del país, pero no solo allí. China se enfrenta a fenómenos meteorológicos extremos agravados por la crisis climática.
Las catástrofes naturales son frecuentes en China, sobre todo en verano, cuando algunas regiones sufren precipitaciones intensas mientras que otras se ven azotadas por un calor extremo. Sin embargo, la frecuencia y la magnitud de estos fenómenos aumentan con la aceleración del calentamiento global, relacionada, sobre todo, con el uso de combustibles fósiles. Entre las regiones afectadas se encuentran Guangxi, Guizhou y Hunan, en el sur y el centro del país, lo que supone una población de más de 150 millones de habitantes (más que en Rusia).



